Las botas negras pisaron las hojas secas del suelo y se escuchó un suave "shh, shh".
Mateo miró fijamente, intentando ver bien cómo era esa persona.
Pero la luz era muy baja y, además, enfrente había enredaderas densas que no dejaban ver, así que, por más que mirara, solo alcanzaba a ver una sombra borrosa.
—¿Quién eres tú? ¿Cómo te atreves a entrar aquí?
—¿Qué tanto alboroto es ese?
Apenas terminó de regañar el guardaespaldas, esa persona dejó escapar una risa relajada, aunque en su tono se not