La preocupación en la cara de Sofía era sincera. Volvió a escribir en el papel:
"El señor Pedro se preocupa mucho por mí, pero no puedo cambiar sus decisiones. Me trata muy bien, pero es violento y cruel por naturaleza. No puedo cambiarlo ni convencerlo. Por eso no tengo forma de pedirle que te perdone. Perdón...".
—Eres demasiado buena. Recuerda esto: no me debes nada. Al contrario, fui yo el que te secuestró —le dijo Mateo mientras negaba.
Sofía bajó la mirada, apenada, y no escribió nada más.