Si uno unía la conversación anterior con esta, era evidente que Camila le dijo que fuera allá solo para matarlo. ¿Cómo era posible que, aun así, él aceptara ir?
¿Sería que, incluso en ese momento, seguía sintiendo algo por Camila?
Después de colgar, Bruno se quedó completamente pálido, con la mirada perdida.
—Ella quiere que… mañana nos veamos en el Embarcadero del Sur —dijo.
—¿Y entonces? ¿De verdad piensas ir mañana? —le pregunté.
—No lo sé…
Bruno se cubrió la cara con ambas manos.
—No puedo i