Resultó que, aunque Darío también vivía en un castillo, no lo hacía solo, sino junto a un grupo de guardaespaldas a sus órdenes. En el gran salón del primer piso había reunidos más de una decena de ellos. Nadie sabía de dónde habían sacado la noticia, pero ya corría el rumor de que Darío iba a traer a una mujer de vuelta. Así que todos estaban allí desde temprano, esperando armar jaleo y ver cómo ese entrenador, famoso por no acercarse nunca a mujeres, se "ocupaba" de una.
No pasó mucho hasta qu