Aunque conmigo siempre era brusco, de verdad me trataba como a una amiga. Lo mismo hacían Waylon y la señorita Alma. Eso me convenció aún más de ayudarla a derrotar al señor Felipe. Con tal de quitarlo de en medio, ellos por fin podrían vivir tranquilos.
Me acerqué a la señorita Alma y a Henry, muy seria:
—En realidad, con Darío se está bastante bien. En esta finca su posición no es baja; mucha gente le tiene miedo. Si me quedo con él, tampoco tendré que seguir temiendo que algunos me intimiden