Bajé la mirada y vi que en mi abdomen todavía había restos de lo que Embi había vomitado hacía un momento.
No dije nada más.
Calmé a los dos niños y regresé a la habitación de antes para bañarme.
Ese olor tan familiar...
Apenas abrí la puerta, el corazón se me encogió.
El cuarto guardaba demasiados recuerdos entre Mateo y yo.
Desde el principio, cuando yo lo humillaba y él me guardaba rencor; luego, cuando mi familia se vino abajo y él se vengó de mí; y, por fin, cuando le dimos una oportunida