Cerré los ojos despacio, con el corazón tan herido que casi no podía respirar.
Quería decirle que, en realidad, él nunca fue desagradable.
Aunque no hubiera recuperado de verdad esos recuerdos, mi intuición me decía que la muchacha que fui no habría podido odiar al Mateo de entonces.
Si de verdad lo hubiera detestado, ni aun olvidándolo habría podido volver a enamorarme de él.
—¡Suéltala!
De repente, una voz seria sonó.
Antes de que alcanzara a reaccionar, alguien me apartó de los brazos de Mate