Capítulo 1251
Cuando Javier nos vio abrazados, la melancolía cruzó por sus ojos. Fue un instante, pero lo noté.

Me aparté de Mateo y le pregunté:

—¿Qué pasa?

Javier apretó los labios.

—Alan ya se fue. Vi la hora y pensé… que yo también debería irme. Solo vine a avisarles.

Lo miré en silencio unos segundos antes de decir:

—No te vayas.

Él se quedó sorprendido.

Mateo, en cambio, no mostró ninguna reacción; simplemente me tomó de la mano.

—Bebiste un poco —continué—. No es prudente conducir. Quédate a descansar,
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