Todo pasó en un instante.
Waylon ni había terminado de hablar, cuando un estruendo sonó junto a la ventana.
Una mole negra enorme se lanzó contra nosotros.
Era el mastín de la vez pasada.
—¡Cuidado! —Mateo gritó, me levantó en brazos y nos hizo a un lado rápido.
Waylon también alcanzó a esquivarlo.
El mastín siguió derecho y se cayó.
—¡Maldito perro pendejo! —gritó Waylon y agarró una silla para lanzársela al mastín.
Quedé paralizada.
¿Qué estaba pasando?
¿No era ese el perro de Waylon?
¿Por qué