Capítulo 1203
De repente, escuché un silbido distinto.

El mastín rugió y se lanzó sobre mí.

Me asusté y traté de apartarme, pero la bestia me tiró al piso.

—¡Aurora! —gritó Mateo, arrojándose hacia mí y sujetando al mastín por el cuello.

El perro me enseñaba los colmillos, mientras gotas fétidas caían directo de su boca sobre mi cara.

Quedé paralizada de miedo.

Si Mateo no lo hubiera sujetado a tiempo, ese monstruo me habría arrancado la garganta.

—¡Basta! —le gritó con furia Waylon a Henry.

Después de otro s
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