Él apoyó la cabeza en los brazos y, sonriendo, me miró.
—Vamos, haz lo que quieras conmigo, "mándame".
Decir eso era fácil.
En mis sueños, "dominarlo" había sido una delicia.
Pero ahora, tenerlo de verdad frente a mí... no sabía por dónde empezar.
Ah... Aurora, qué inútil eres.
Me maldije en silencio y levanté la mirada.
Sus ojos seguían clavados en mí, y se notaba que la estaba pasando bien.
—Te di la oportunidad, pero parece que no sabes aprovecharla —dijo, burlándose.
—¿Quién dice eso? ¡Solo