Si no lo hacía en este instante, ¿cuándo iba a tener otra oportunidad?
Así que sí, iba a "molestarlo" como se debía.
Con mis provocaciones y esas pequeñas amenazas, al final él estaba casi como si fuera a llorar.
Para revivir esa sensación de mi sueño, le agarré las manos por encima de la cabeza.
Lo miré desde arriba, sonriendo.
—A ver, otra vez. Llora y ruégame que te haga sentir bien, ruégame que te deje en paz.
—Aurora —me miró con rabia.
—¿Qué pasa? ¿No quieres? Lo sabía, el gran director no