Mateo se recostó en la silla, cruzó los brazos con aire relajado y le sonrió a Alan como si todo estuviera bajo control.
—Viniste en medio de la nieve para traerme las medicinas, fue un gran esfuerzo. Así que, como muestra de agradecimiento, quiero mirarte un poco más. Por si acaso te enfermas por el frío, así voy a poder notarlo a tiempo, ¿no crees?
Yo no pude evitar llevarme la mano a la frente.
¿Qué clase de excusa era esa?
Alan se quedó quieto, con los cubiertos en el aire.
Mateo, aún sonrie