Esa persona se tensó un momento, pero no dijo nada; me sostuvo y trató de calmarme.
El dolor y la frustración en mi pecho se hicieron enormes en ese instante.
Me hundí en su abrazo y, sin controlarme, empecé a llorar con todo:
—Mateo, ¿cómo te atreves a decir que me vas a abandonar?! Tú insististe en casarte conmigo, tú usaste todos los medios para atarme a ti, y ahora, ¿con qué derecho hablas de separarnos?! ¿Por qué siempre haces eso? Nunca piensas en cómo me siento. Te odio, te detesto, te od