Capítulo 1029
En ese momento, Mateo me llamó.

Su voz sonó grave, como conteniéndose:

—Si ya estás con Javier, entonces vive bien con él. Olvídame y olvida lo que hemos pasado. Desde ahora, salvo lo de la enfermedad de Embi, no te voy a molestar.

—Je... je...

El dolor que sentía se volvió rencor.

Le grité al teléfono:

—Mateo, te odio, te detesto tanto. ¡Si tienes agallas, no te acerques nunca más a mí!

Cuando dije eso, lancé el teléfono contra la pared.

Oí cómo se quebró; se hizo trizas al chocar.

Me llené de
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