Gael
El amanecer se filtraba por las rendijas de la persiana cuando abrí los ojos. No había dormido más de tres horas, pero mi mente estaba completamente lúcida, como si cada neurona hubiera estado trabajando mientras mi cuerpo descansaba. Las palabras de Aurora seguían resonando en mi cabeza con la claridad de un eco en una cueva vacía.
—Estoy enamorada de ti, Gael. Y me aterra.
Me incorporé en la cama, pasándome las manos por el rostro. La sensación de sus dedos sobre mi piel permanecía como