Su ceño se fruncía conforme sus ojos iban deslizándose sobre la hoja de papel que tenía entre sus manos, leyendo con meticulosa atención para no saltarse nada importante.
Escuchó la puerta abrirse suavemente pero ni siquiera levantó la vista, pues ya sabía quién era la única persona con la confianza suficiente para ingresar de esa manera.
- Tu chocolate caliente con tu pastel de chocolate blanco favorito preparados atentamente por mi madre para mi querida hermana que aún no se digna en ir de vi