Su ceño se fruncia en señal de plena concentración, mientras extraía gota a gota el fruto de su arduo trabajo.
Sus manos temblaban por la emoción y sus ojos, con lágrimas que se negaban rotundamente a detenerse, miraban aquel líquido de un amarillo pálido pero elegante a través del cristal.
Cuando por fin la última gota cayó dentro del pequeño frasco, retiró todo el equipo que cubría su cuerpo y con mucho nerviosismo tomó el recipiente entre sus dedos.
Aquel olor cítrico y floral inundó de inme