El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas de la costa, tiñendo el cielo de un violeta profundo que se reflejaba en el mar. Para Castiel y Yestin, los últimos meses habían sido un proceso de reconstrucción, ladrillo a ladrillo, caricia a caricia. Castiel había cumplido su promesa: se había despojado de la armadura de arrogancia de los De la Rua para convertirse en el hombre que Yestin merecía.
Vivían en una pequeña villa cerca de la fortaleza de Donatello, un lugar donde el lujo no se medí