El caos en los jardines de la mansión De la Rua era una coreografía de justicia y desesperación. Mientras los invitados huían despavoridos y los pétalos de flores blancas eran pisoteados por las botas de los hombres de Donatello, Yestin permanecía en el centro de la tormenta como una aparición. Sus ojos, antes apagados por la tristeza del exilio, brillaron con una luz genuina al ver a Joseph dar un paso al frente desde el grupo que la escoltaba.
—¡Joseph! —exclamó ella, y por un segundo, la du