Leonardo De la Rua se encontraba de pie junto al ventanal de la suite principal, observando el jardín como un general que contempla su campo de batalla antes del primer cañonazo. En sus labios danzaba una sonrisa gélida, cargada de una satisfacción que solo el poder absoluto puede otorgar. Abajo, entre la multitud de invitados que parecían hormigas de gala, divisó a la familia Brown. Pero no fueron los hombres de la familia quienes capturaron su atención, sino ella: Chloe.
La joven Brown lucía