Capituló 32
El reloj de pared en la habitación de invitados marcaba las seis de la tarde, pero para Yestin, el tiempo se había disuelto en una bruma de vapor y fragancias asfixiantes. No era un baño; era un ritual de purificación. Bajo las órdenes estrictas de la señora Johnson, Yestin se encontraba sumergida en una tina de mármol que parecía un altar. El agua, saturada de sales de magnesio y aceites de sándalo, le rodeaba el cuello mientras una legión de manos expertas trabajaba sobre ella con la precisión