Capituló 22
Detrás de aquella puerta reforzada, el aire pesaba, saturado de un olor a tabaco caro, pólvora vieja y el frío metálico de los secretos que se guardan bajo tierra. Donatello Armani, un hombre cuyo nombre se susurraba en los círculos de poder con el mismo respeto que se le tiene a una sentencia de muerte, se encontraba sentado frente a su escritorio de caoba. Ese lugar no era una oficina; era un búnker, el refugio donde el "León de Acero" se retiraba cuando la ciudad se volvía demasiado ruidosa o