El aire en la habitación se sentía denso, cargado de un magnetismo que Yestin apenas empezaba a descodificar. En su interior, una tormenta desconocida estaba cobrando fuerza. Su cuerpo, que hasta hace poco seguía las reglas de la timidez, ahora parecía pertenecerle a alguien más, o quizás, por primera vez, le pertenecía enteramente a ella y a sus instintos.
Nuevas emociones la invadían, extrañas y abrumadoras. No eran solo sentimientos; eran impulsos eléctricos que nacían en sus "montañas", do