Eva despertó con un sobresalto. El sol apenas se filtraba entre las gruesas cortinas del dormitorio, iluminando con suavidad el rostro del hombre que dormía a su lado. Kevin estaba allí, tendido con el ceño relajado, tan guapo como siempre, tan imponente incluso en medio de un sueño profundo. Su corazón se estrujó en el pecho como si alguien lo apretara con crueldad.
La noche anterior había sido su perdición. Ella, la mujer que juró no volver a dejarse doblegar por él, había caído tan fácil, co