Noel la soltó con tanto coraje que Marta dio varios traspiés hasta estrellarse contra la pared. El golpe se oyó seco, sin ninguna compasión.
El dolor le subió por toda la espalda y le arrancó un gemido ahogado.
No pasó ni un segundo y ya tenía las lágrimas rodando, dándole toda la pinta de víctima sufrida.
—¡Noel, estás pensando mal de mí! —chilló con la voz quebrada—. ¿Cómo crees que yo sería capaz de hacerte daño? ¡Alguien nos puso un cuatro para separarnos, te lo juro!
Al escucharla, Noel s