Nelson, al ver que Raina no pensaba ni mirarlo, se desesperó. Metió la mano de golpe justo antes de que la puerta terminara de cerrarse.
—¡Raina! —Su voz sonaba cargada de angustia, casi como un ruego—. Supe lo del secuestro. No vayas a creer que no me importó, ¡es que la loca de Milena me tenía atrapado en Suiza! Para cuando logré zafarme y volver, ya te habías...
Raina apretó la manija con fuerza. Giró la cabeza despacio y le clavó una mirada de puro hielo.
—¿Y qué con eso? ¿Ahora vienes a hac