—Ándale, vamos arriba para que descanses —le dijo Marta toda linda, echándose el brazo de él al hombro para aguantarlo. Luego se le pegó al oído y le susurró—. Esta noche te voy a consentir como te mereces...
Noel trató de soltarse, pero el cuerpo no le respondía.
Sentía los músculos como si fueran de trapo. No le quedó de otra que dejar que ella lo guiara escaleras arriba, tambaleándose.
En cuanto cerraron la puerta del cuarto, a Marta se le borró la cara de santa de un plumazo.
Marta se lo qu