—Muchas gracias a todos por estar aquí con nosotros en esta noche tan especial.
Milena tomó el micrófono. Su voz sonaba de lo más dulce, aunque por un instante le temblaron los dedos.
—Mi mayor tristeza siempre ha sido no haber podido darle un hijo propio a mi esposo —dijo con los ojos ya aguados, mientras fingía secarse una lágrima con un pañuelo de seda—. He organizado esta noche con todo mi corazón, solo con la esperanza de que el legado de la familia Fonseca quede en las manos correctas y pe