Media hora después, Raina ya estaba en un cine privado.
Iván había escogido un rincón medio escondido en una casona vieja del centro. El lugar tenía un estilo retro, muy exclusivo.
Al abrir las cortinas pesadas de terciopelo, aparecieron dos sofás de cuero enormes y reclinables. En la mesita de centro ya estaban listas las palomitas y un té helado bien frío
—¿Y este lugar? ¿Desde cuándo lo conoces? —preguntó Raina, mirando con curiosidad los trozos de fruta fresca en su bebida.
—Es un secreto —