Colgó la llamada y se quedó mirando a la nada, pasándole el dedo al borde del celular.
Aunque el aire acondicionado de la oficina estaba a tope, sintió un escalofrío que le recorrió toda la espalda. Tenía una opresión en el pecho, como si le faltara el aire de repente.
Se levantó y se acercó al ventanal, pero vio que el cielo se había puesto gris de golpe. Las nubes estaban tan bajas que parecía que el cielo se nos iba a caer encima en cualquier momento.
—¿Señorita Raina? —Gabriel, su asistente