—Hoy es el día más feliz de mi vida —la voz de Nelson llenó todo el lugar mientras le apretaba la mano a Milena con muchísima ternura—. A la que más le debo es a mi esposa. Si no fuera por su gran corazón, esta familia no estaría hoy aquí reunida.
Raina lo oía y no podía con tanto descaro. Se moría de ganas de arrancarse ese prendedor y largarse de ahí de una buena vez, pero Carla la frenó en seco con la mirada.
Desde una de las mesas, Carla le sostuvo la vista y le hizo una seña casi invisible