—¿Después? —Julieta soltó una risita y bajó la voz—. ¿Hasta cuándo tengo que esperar, Román? Llevo años casada contigo y te la pasas pegado al celular en lugar de mirarme a la cara.
A Román se le transformó la cara. De un tirón, la agarró de la muñeca con fuerza.
—¿Me estás espiando? ¿Mandaste a que me siguieran?
—¿Acaso hace falta? —Julieta jugueteó con su copa de champaña, pero su mirada era puro hielo—. Todo el mundo sabe de qué pie cojeas. Además, tú mismo lo soltaste una vez, ¿no?
De pront