A Raina se le enfriaron los ojos, aunque su voz seguía extrañamente tranquila.
—¿Ayudarme? ¿Qué no estabas muy feliz porque te ibas a quedar con todo tú sola? ¿A qué viene tanto interés por aliarte conmigo?
Marta bajó la voz, se notaba que estaba tensa.
—Déjate de sarcasmos. No soy la única a la que van a presentar. Los otros dos ya se juntaron y ni loca me les voy a enfrentar yo sola.
Raina arqueó una ceja, sin poder creérselo.
—¿Qué pasó? ¿A poco ya no estás tan pegada a las faldas de Milen