Iván sabía de sobra que había llegado tarde a su vida. Sabía que alguien más se había adueñado de su corazón por años y, sobre todo, entendía que curar las heridas que ese hombre le dejó no iba a ser fácil.
Pero no tenía prisa. Estaba dispuesto a tomarse todo el tiempo del mundo para armar, pieza por pieza, ese corazón que otro le había dejado hecho pedazos.
—Raina, no importa si no me quieres ahora. Podemos empezar de cero, irnos con calma —su voz tembló, como si se estuviera agarrando de un c