—¿Y ahora para qué quieres al de administración? —preguntó Diego, sin entender por qué tanto misterio.
Iván ni le respondió. Solo le lanzó una mirada de esas que te cierran la boca.
—Ya te puedes ir —soltó Iván, seco.
¡Lo estaba corriendo así, sin más ni más! Pero Diego no se movió ni un milímetro.
—Ivana todavía no termina de ver todo —dijo, y luego gritó—. ¡Ivana! ¿Ya nos vamos para que te lleve?
—¡No, me quiero quedar otro ratito! —respondió ella desde algún lugar del departamento.
Diego s