—¡No me contesta! Si me hubiera respondido, ¿crees que estaría así de alterado? —Iván tenía la cara totalmente descompuesta por los nervios.
Llevaba más de diez llamadas perdidas y el silencio de Raina solo lograba que se imaginara lo peor. Pero apenas terminó de hablar, la cara de Ivana se iluminó:
—¡Raina! ¿Dónde andas? Estamos aquí afuera de tu casa.
Iván y Diego se quedaron de piedra. Se miraron entre ellos y luego, como si estuvieran sincronizados, clavaron la vista en Ivana.
—Ah, ¿no está