Iván apretó el volante con rabia, hasta que se le marcaron los nudillos.
Se quedó mirando a Raina, que seguía ahí parada en las escaleras, con los ojos cargados de todo lo que se estaba aguantando.
—¿Divorcio? —soltó él con una risita amarga. Abrió la puerta y se le fue encima, caminando directo hacia ella—. ¿A poco ya se le olvidó todo a la gran señora Herrera?
Raina ni se inmutó. El viento le despeinaba el cabello sobre la cara. Con calma, sacó un sobre de su bolso:
—Son los papeles del divor