—¡Amor! —Iván se acercó a ella de inmediato y le tomó las manos... las tenía heladas.
—Si crees que no es suficiente castigo para esas viejas, yo puedo... —Iván guardó silencio, temiendo que ella no estuviera conforme con solo haberlas corrido.
—Mi abuela ya no va a volver —susurró ella, con la voz rota.
Daba igual cuánto se arrepintieran o qué tan duro fuera el castigo. nada iba a cambiar la realidad.
Raina sabía muy bien que tarde o temprano las deudas se cobran: el problema no eran solo los