—Señor Leal, qué presencia se carga.
Iván elogió a Diego mientras el calvo seguía ahí, siendo "atendido" por los modelos.
—¿Apenas te das cuenta? —Diego se infló de orgullo—. Es que solo tú tienes la medida de mi zapato.
Y tenía razón. Aunque Diego no era de los que presumían su fortuna ni buscaban ser el centro de atención, tenía un nombre y un peso que nadie se atrevía a cuestionar.
—¿Yo? —Iván usó ese tonito de "yo no fui".
Diego soltó un bufido.
—Para nada. El problema es que contigo siempr