En cuanto Raina vio a Oliver, él le devolvió una sonrisa a medias, cargada de pura pena. Antes de que él pudiera abrir la boca, Raina le ganó la palabra.
—Perdón, de verdad. Por mi culpa terminaste metido en todo este lío.
—¡Señora Herrera, por favor! No me diga eso, que me hace sentir peor —Oliver desvió la mirada hacia Iván—. Gracias, señor Herrera.
Sabía de sobra que, si no fuera por la mano de Iván, no lo habrían soltado tan rápido.
—¿Y bien, Oliver? ¿Se llevó un buen susto? —soltó Iván con