En cuanto Iván llegó al centro de rehabilitación, vio a Raina de inmediato entre todo ese alboroto.
Un grupo de tipos agresivos la tenía rodeada, y uno de ellos le soltó un grito:
—¡Lárgate de aquí, que no pintas nada! Si te sigues metiendo, ya no vamos a ser tan caballeros.
Raina, tan tranquila como siempre, ni siquiera pestañeó. Les sostuvo la mirada con una frialdad y una determinación que no le conocían, y soltó con firmeza:
—De aquí no me muevo. Vamos a ver quién es el valiente que se atre