Si Iván solo estaba cumpliendo con su deber, entonces Raina no tenía por qué sentirse mal.
Incluso dejó que él le aplicara la crema en los pies sin poner la menor resistencia. Lo aceptó todo con una calma absoluta.
Sin embargo, a Diego se le encogió el corazón al ver la escena.
—Iván, no tienes que demostrarme nada, de verdad ya entendí —le dijo con una mirada llena de lástima.
Desde que escuchó lo que no debía, Diego no podía evitar que le diera lástima. Sabía que meterse en eso solo le traerí