Raina se estremeció apenas y, por puro instinto, encogió un poco los pies.
—Iván... —susurró su nombre en voz baja, como si intentara contener el aliento.
Lo que la dejó sin palabras no fue solo el gesto, sino la imagen en sí.
En el mundo de Iván, él era la figura imponente, alguien que siempre imponía respeto donde quiera que fuera. Nunca lo había visto tener un detalle así de atento con nadie.
Pero ahí estaba él, inclinado frente a ella, casi de rodillas.
El impacto visual era algo totalmente