—¡Ella pidió que Noel celebrara su boda!
El secretario lo miró, extrañada, pero cuando oyó eso, Noel respiró de alivio. Esa frase le confirmó que Raina estaba ahí, que había llegado. Con eso, pudo calmarse.
Marta se bajó del auto con el corazón inquieto, temiendo que en cualquier momento él la dejara plantada y se fuera.
Se suponía que tendría una boda espectacular; si surgía el más mínimo tropiezo, la vergüenza sería insoportable.
Así que, pasara lo que pasara, debía asegurarse de que la ceremo