El auto negro avanzaba suavemente por una carretera flanqueada de cipreses altos. Lucas iba sentado en el asiento trasero, con la frente pegada a la ventana. Llevaba casi una hora sin hablar. Víctor conducía y de vez en cuando lo observaba por el espejo retrovisor. Su abuela, Isabel Montenegro, iba a su lado, mirándolo con una mezcla de emoción y nostalgia que no intentaba ocultar.
—Estás muy callado, mi niño —dijo la abuela con voz suave—. ¿Estás cansado del viaje?
Lucas negó ligeramente con l