Lucas despertó sobresaltado. Por un segundo no supo dónde estaba. El techo era demasiado alto, la cama demasiado grande, y el silencio… demasiado absoluto. En su casa siempre había ruido: Emma hablando sola, Mateo jugando, su mamá cantando en la cocina. Aquí solo se escuchaba el canto lejano de los pájaros.
Miró el reloj. Eran las 9:17 de la mañana.
Bajó a desayunar todavía con el pijama puesto. En el comedor ya lo esperaban Víctor y su abuela. La mesa estaba llena de comida: frutas frescas, cr