El aeropuerto estaba lleno de gente, pero para Valeria el mundo se había reducido a un solo punto: la mano de Lucas dentro de la suya. Faltaban cuarenta minutos para el embarque y el tiempo parecía correr demasiado rápido.
Lucas llevaba una mochila azul marino al hombro y una maleta de cabina que Diego empujaba en silencio. Emma iba colgada de su otra mano, llorando sin consuelo. Mateo caminaba unos pasos atrás, con la cabeza baja y los ojos rojos.
—Todavía puedes quedarte… —susurró Emma por dé