A la mañana siguiente, el desayuno transcurrió en completo silencio. Lucas apenas tocó su comida. Tenía los ojos hinchados y la mirada perdida. Isabel lo observaba con preocupación, mientras Víctor fingía leer el periódico.
—¿Pasó algo anoche, cariño? —preguntó la abuela finalmente.
Lucas levantó la vista. Su voz salió más fría de lo que pretendía:
—Hablé con mi mamá. Emma está llorando todos los días. Dice que ya no la quiero.
Víctor bajó el periódico lentamente.
—Es normal que los niños peque