Lucas se despertó con la cara hinchada y los ojos ardiendo. Había llorado hasta quedarse dormido después de la videollamada con su mamá. El reloj marcaba las once de la mañana. Nunca dormía tan tarde.
Bajó las escaleras arrastrando los pies. La casa estaba en silencio. Solo se escuchaba el lejano ruido de platos en la cocina. Cuando entró al comedor, Isabel estaba sentada sola frente a una taza de té. Al verlo, su rostro se iluminó.
—Mi niño, por fin despiertas. ¿Quieres que te prepare algo de